no le saca la vuelta a la ley

El día en el que tiré al tacho mi sencillo

Publicado: 2010-10-24

Hace tiempo que no iba a Miraflores a pasear. Hace tiempo que no iba con mi novia. La razón, principalmente, era porque me tomaba más de una hora llegar de Los Olivos a Miraflores. Ahora, gracias al Metropolitano (ojo, no gracias a Castañeda) llego en 40 minutos. La excusa: la presentación del libro de un amigo compañero de El Comercio en la Feria del Libro.

Minutos antes de la presentación, paseamos alrededor del parque viendo las pinturas, un grupo de gente quejándose de los juergueros de la selección... en fin, mucha gente. Entre ellos, como es tradición en el Kennedy, habían algunos escritores y poetas entregando sus obras a los transeúntes. No me di cuenta en qué momento fue, pero uno de ellos le entregó a mi novia unas copias con sus escritos. Nos sentamos en un banca y los leímos juntos.

(Acabo de bajar a la casa de mi sala a buscar las copias, pues recordé que cuando ayer llegué a mi casa las dejé sobre el mueble, pero ya no están. Las perdí. Espero encontrarme a ese escritor pronto nuevamente).

Solo recuerdo que el trabajo se llama "Retrospectiva" y que incluye dos textos: uno en el que el autor se remonta a sus años de juventud y describe cómo veía el mundo en ese entonces. El otro consistía en describir cuán diferente había vivido en realidad y cómo era su vida ahora.

En ese momento llegó una señora muy amable que nos entregó una hoja pequeña de color púrpura a cada uno. También eran escritos. Nos explicó con una sonrisa que escribía cuentos cortos y que vivía de la ayuda de los que quisieran ayudarla. Ya teníamos las hojas en las manos y decidí entregarle el único sencillo que tenía: un sol treinta. Ni siquiera había leído los cuentos (eran dos, uno en cada página), pero supuse que si esta señora tenía la mitad del talento del escritor que me había entregado gratis su pequeña obra, evitaría el sentimiento de culpa que ya tenía por no haberle dado al menos un par de soles. Le di un sol treinta. Acto seguido, ambos, mi novia y yo, comenzamos a leer sus historias.

No entraré en detalle de ellas. Mi novia, inocente y dulce como siempre, me dijo que ambas historias eran para niños, que por eso son fàciles... pero nada de lo que me dijera quitaría de mi cabeza que ese sol treinta había sido el peor gastado en toda mi vida. "Definitivamente esto no vale un sol treinta", pensé.


Escrito por

eldiegock

Periodista, músico y un poco más.


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Notas de Diego Pajares

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