defiende el enfoque de género

La magia no es magia

Publicado: 2011-07-29

En setiembre del año pasado escribí un post lleno de esperanza sobre la designación de Sergio Markarián como director técnico de la selección peruana de fútbol. Con alegría, puedo ver que mis esperanzas y la de muchos peruanos fueron recompensadas al ver al Perú en el podio de un campeonato de América, después de más de 25 años. El Perú se alzó con el tercer lugar de la Copa América. Mi generación nunca había visto a un equipo de fútbol ganar algo en un campeonato. Fuimos subcampeones de vóley en el 88, campeones de surf hace un par de años... ¿Y el fútbol, pasión de multitudes? Recién ahora despertó.

Sin embargo, por más que el sobrenombre del señor Sergio Markarián sea 'El Mago' (aunque él pidió expresamente que ya no lo llamen así), su éxito se sostiene en dos pilares: Fe y trabajo.

¿De qué manera se relacionan estas dos aparentemente distanciadas palabras?

1. Trabajo:

Sergio acaba de cumplir un año como entrenador de la selección. Aunque su llegada generó una alegría increíble (en el Perú, fue subcampeón de la Copa Libertadores con Cristal en el 97 y antes había sacado a la U campeón), él llegó con humildad, sereno, sin prometer nada, solo trabajo.

¿Y qué es lo que ha hecho?

Viajó a cada país en los que los jugadores en Europa trabajan en sus clubes. No fue de paseo, se quedó lo necesario en cada lugar, para conversar personalmente con cada uno y comprometerlos. ¿Qué rico es viajar? Los reto a visitar algo de 4 o 5 países europeos en una semana o 10 días. Es agotador.

En Lima, creó los denominados 'Microciclos'. Entrenamientos con jugadores del torneo local. Para multiplicar el tiempo, trabajan en grupos, él y su asistente. Todo se medía, la resistencia, el físico, todo.

Iba al estadio a ver a los jugadores, así jueguen en el cuzco o en Lima.

Estudiaba cada partido, es un analista nato, mide todo, analiza al rival, mide un campeonato, planifica. Todo eso sucede cuando no se están jugando los partidos.

Las comparaciones son odiosas, pero esto es mucho más de lo que han hecho entrenadores anteriores, quienes cobraban sueldos cuando se desaparecían durante los meses que no jugaba la selección. "Yo no puedo esperar a juntarme con todos para trabajar, no se trata de dar la estrategia minutos antes de jugar o la semana antes de jugar un partido. Se trata de decirle al jugador qué es lo que quiero que haga y practicarlo una y otra y otra vez". Señores, estamos ante alguien a quien le gusta justificar su sueldo.

2. Fe

Después del primer año de Markarián al frente de la selección, una cosa me quedó clara: cuánto los jugadores necesitaban creer. En Dios, en los valores, en ellos mismos. Alberto Rodríguez, jugador del Sporting de Lisboa, en Portugal, no jugó un partido completo antes de la Copa América. Se paraba lesionando. Vivía lesionado, justo cuando venía a jugar por su selección. Markarián decidió llevarlo, y explicó sus razones: "Alberto y yo hemos estado orando mucho. Entendimos que su lesión iba más allá de algo físico, era algo espiritual".

Cabe resaltar que el propio uruguayo también dijo: "Yo prefiero respaldar mis oraciones con trabajo", así que entenderán cuando les cuente que además de orar, él conversó con los médicos y con sus asistentes para planificar una recuperación progresiva del defensa.

William Chiroque, el pequeñín que se llevó muchos elogios con sus jugadas, no había sido tomado en cuenta por los antiguos entrenadores. Entraba para quemar tiempo en algunos partidos. Con Markarián jugó varios amistosos y en la Copa América fue revelación. "William no creía que podría hacerlo. No creía en él mismo. Yo sí creí en él, si yo, que soy en el entrenador, no lo hago, ¿quién lo hará? Queda claro que lo que necesitaban los jugadores es confianza, que tengan fe en ellos.

Y qué decir de Paolo Guerrero, cuyas frustraciones lo llevaron a ser violento en los partidos y a renegar de sus propios compañeros... ahora, cuando lo golpeaban los uruguayos, él pateaba el césped. Sabía que la alegría de celebrar un gol de tu país cubre todo eso.

¿Qué puede hacer un equipo de jugadores cuando alguien CREE en ellos? Los peruanos hemos sido testigos de lo que pueden hacer. ¿Qué puede hacer un ser humano cuando alguien tiene UN POCO DE FE en él? La respuesta es MUCHO.

Y la cereza en el pastel es lo que grita Sergio al finalizar cada partido ganado: "Gloria a Dios por este triunfo". Quizás Dios no sea el secreto de Mourinho, Ferguson u otros grandes técnicos del mundo, no lo sé, pero estoy completamente seguro, que Dios es el secreto de Sergio Markarián.


Escrito por

eldiegock

Periodista, músico y un poco más.


Publicado en

Notas de Diego Pajares

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